NACIDOS PARA MORIR

La vida puede ser muy bella, una constante de elecciones donde disfrutas en cada momento y en cada lugar de ella. Puedes hacer prácticamente lo que te plazca, ir donde quieras (dentro de unos márgenes) y comer lo que te apetezca y cuando se te antoje. Ahora bien, ¿y si esto no fuera así?

Imagínese que un día se despierta siendo un niño recién nacido. Esta completamente desnudo y desorientado. Se percata que esta rodeado de más personas que, como usted, no sabe dónde se encuentra ni cómo ha llegado ahí. La persona que os tuvo 9 meses en su vientre y posteriormente os concibió no está por ningún lado, forjando una angustia inusitada, temiendo que os tenéis que enfrentar a lo desconocido y al desasosiego de vuestros primeros días en total soledad.

Pasan algunos días, y entabláis relación con otros humanos, con los que compartís fila de celda. Apenas tenéis tiempo para salir a disfrutar del aire libre y del juego que un niño se supone que debe tener. Así que mantenéis la amistad con vuestro vecino a través de la voz, ya que el contacto visual se hace difícil entre las rejas de vuestra enmarañada “casa”. No tenéis espacio suficiente para adecuaros bien a vuestro hábitat, proporcionando la escoliosis y dolores con los que deberéis sobrevivir el resto de vuestros días.

La figura materna ya ha desaparecido de vuestro pensamiento, mitigando así el dolor de la perdida de vuestra desconocida familia. Todo el mundo tiene el derecho de estar con sus madres, pero usted no, usted ha sido puesto en ese lugar, separándole de su madre, antes incluso de conocerla. No sabe aún porque está ahí, ni que van a hacerle, pero ahí está, oyendo el tormentoso llanto de los demás, desesperándole cada día un poco más, empezando también usted a sollozar ante la falta de respuestas dadas a su absurda existencia.

Todo tiene su punto positivo, imagínese que ya es un adolescente, que puede corretear por cinco metros cuadrados, con cuidado de no torpedear a los demás compañeros que también comparten su estancia de diversión. Tampoco le falta la comida, de hecho, es lo que más hace, comer, se pasa el día así, pero no le preocupa, todos sus compañeros lo hacen, y, aunque cada vez le cueste más moverse, la deliciosa combinación de alimentos que le sirven le hacen sentirse bien. Le da felicidad el alimentarse, es lo único que prácticamente puede hacer, puede comer hasta hartarse y más, teniendo un cuerpo completamente amorfo e inútil para la edad que tiene.

Sus “cuidadores” deciden ponerle una inyección con un compuesto extraño, ya que ellos no lo califican de vacuna, entienden que para su edad no esta lo suficientemente grueso. “¿¡Apenas paro de sudar y no puedo moverme y creen que no estoy grueso!?” – Se pregunta, angustiado. Sabe que ese fármaco misterioso que ya ha sido testado con otros le hará ganar más masa, imposibilitándole realizar esas carreras de 5 metros que tanto disfruta.

Ya no tiene ganas de nada, ni de comer. Un buen día le introducen, por las rendijas de su “casa”, un tubo por la boca, pasando por el gaznate, hasta llegar al estómago. Ese tubo contiene el alimento que se niega a consumir, argumentando que esta demasiado lleno y deprimido como para seguir comiendo. Eso a ellos les da igual, parece que su único fin es tenerle vivo y sobrealimentado.

En su 18 cumpleaños tiene un regalo muy especial. Sus “cuidadores” deciden darle una vuelta por una “montaña rusa”, llena de subidas y bajadas de lo más emocionante. Tras muchas risas, todos hacinados y raudos decidís daros una vuelta más, confiando en que os han dicho que la nueva atracción es más divertida. Tan sumamente divertida es, que ve con pavor como unas cuchillas enormes cortan a su vecino de fila, mientras usted avanza involuntariamente hasta esa trampa mortal, mientras llora y sufre de forma atroz la agonía de su fin. “Me han dado casa y comida, ¿y ahora me matan?” piensa mientras se acerca a esas guadañas que desintegrará su esencia en un instante.

Nunca ha sabido que hacía ahí, ni por qué no le dejaban irse, tampoco por qué estaba encerrado, ni mucho menos por qué no paraban de cebarlo. Lo único que sabe es que ha muerto prematuramente, enfermo, encorvado, sin conocer a nadie de su familia, obligado de ir de allí para acá sin ningún sentido a su parecer.

Lo que ha tenido… ¿puede considerarlo vida?

Ahora deje de imaginar, y piense. Piense que millones de animales al año viven esta situación para saciar nuestra ansia de consumo cárnico, La historia descrita no ilustrar ni un ápice de lo que sufren estos seres. Seres vivos, animales, como usted y como yo, siendo vejados solo para ser nuestro alimento. Sin ninguna oportunidad de ser felices y libres. Siendo presos desde la cuna, por el delito de ser “animal comestible”.

Investigue lo qué come, de dónde procede y en cómo ha llegado a su plato. Verá que ni es necesario alimentarse de otro ser, ni que es justo para nadie.

Un Saludo

Ragnarok

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s